Una lavadora empieza a poner lavadoras más pequeñas para no sentirse sola
El electrodoméstico, instalado en un piso de Villanueva del Despiste, exige ahora una habitación propia y tres calcetines de confianza.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La lavadora del segundo B de la calle del Bostezo empezó a fabricar lavadoras más pequeñas durante el centrifugado, según confirmó ayer la comunidad de vecinos. Llevaban semanas oyendo un «clonc» delicado dentro del tambor. El aparato, de modelo indefinido y sin número de serie visible, habría llegado a esa solución para no pasar sola las tardes largas de ropa tendida.
Su propietaria, Marisa Tardígrada, encontró la primera miniatura dentro de una toalla. Al principio creyó que era un botón con demasiadas aspiraciones. «Luego la vi centrifugar una servilleta y pedir una toma de corriente», explicó. Mide como una mandarina prudente. Ya ha reclamado una cesta para la ropa y el derecho a escoger programa los domingos.
El técnico, Eusebio Calderilla, acudió al domicilio como especialista en electrodomésticos con crisis de identidad. Recomendó no desenchufar la máquina hasta que terminase de «procesar sus emociones de algodón». Al revisar el panel encontró que los símbolos habituales habían desaparecido: ahora había montañas, una ceja y algo parecido al mapa de un país que todavía no existe.
“Si una lavadora puede tener descendencia, el frigorífico pedirá custodia.”
La comunidad optó por hacer sitio. El pleno aprobó por mayoría simple dejar un pasillo despejado para las futuras generaciones del electrodoméstico. La presidenta, Jacinta Perdigón, leyó el acuerdo desde una caja de zapatos y pidió que las nuevas máquinas no usaran el ascensor «hasta que aprendan a saludar». Dos vecinos votaron en contra: el centrifugado les traía recuerdos de una reunión familiar.
Ya por la tarde salió una segunda lavadora. Era del tamaño de un cenicero y tenía una puerta diminuta. Lavó tres calcetines, una hoja de laurel y una nota donde ponía «vuelvo enseguida». Después se quedó mirando el tendedero. Parecía esperar instrucciones de algún adulto responsable, una figura que no constaba entre los asistentes.
El asunto ha llegado más lejos. Pánfilo Nublado, portavoz del Comité de Aparatos que Se Han Venido Arriba, aseguró que el fenómeno puede extenderse a otros hogares. «Si una lavadora puede tener descendencia, el frigorífico acabará pidiendo custodia compartida de los yogures», declaró desde detrás de una persiana bajada. El comité recomienda hablar con los electrodomésticos sin excederse y evitar la pregunta de dónde se ven dentro de cinco años.
La lavadora principal sigue cubierta con una sábana y recibe visitas de vecinos que llevan prendas delicadas para causar buena impresión. Marisa Tardígrada ha puesto al lado un cartel: «no tocar, está pensando». Mientras tanto, la miniatura ha empezado a fabricar una secadora del tamaño de una aceituna. La comunidad ha reservado una estantería y vuelve a discutir qué cuenta, exactamente, como hogar.