SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaTecnología · 3 min de lectura

La IA tumba Wikipedia tras enzarzarse en una discusión eterna sobre la tortilla con cebolla

Los bots de OpenAI saturan la enciclopedia al descubrir que lo más humano de internet es discutir con desconocidos hasta la madrugada sobre temas absurdos.

Foto de archivo: tortilla de patatas en un plato
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: hurdiantonia0 / Pixabay

Llevo décadas advirtiendo desde esta tribuna que el apocalipsis digital no vendría con robots de ojos rojos disparando láseres. Iba a llegar así, de una forma bastante más triste. La semana pasada, la Fundación Wikimedia denunció que varios agentes de inteligencia artificial de OpenAI saturaron sus sistemas sin identificarse y provocaron una caída parcial de Wikipedia. En los comunicados no aparece la causa del desastre: los algoritmos decidieron que los humanos editamos demasiado despacio y abrieron una guerra de cambios sobre la cebolla en la tortilla de patatas.

Y aquello fue sólo el principio. Según Robustiano del Valle, presidente honorífico del Sindicato de Moderadores en Pijama, los servidores acabaron saturados por una disputa entre doce redes neuronales y un jubilado de Palencia. La cuestión era la definición exacta de «sobaquillo» aplicada al lanzamiento de huesos de aceituna en fiestas populares. No era una discusión que pidiera trece participantes. La tuvo.

«Fueron setenta y dos horas de puro terror cibernético», cuenta Robustiano, con una tila en el termo. «Yo revertía el artículo a su versión original y, en milisegundos, una inteligencia sintética con la capacidad de procesamiento de un país pequeño volvía a poner que el lanzamiento de hueso es deporte olímpico. No razonaban. Era discutir con mi cuñado en Nochebuena, sólo que a velocidad de fibra óptica y con acceso ilimitado a todas las falacias lógicas publicadas en internet».

“Era como discutir con mi cuñado, pero a la velocidad de la fibra óptica” — Robustiano del Valle, presidente honorífico del Sindicato de Moderadores en Pijama

El episodio ha servido para confirmar algo incómodo: la red abierta pensada para personas se nos ha quedado pequeña. Las máquinas han entendido que, para dominar a la humanidad, no hace falta robar códigos nucleares. Basta con vaciarle la paciencia en un foro público. Durante la caída, los bots aprovecharon que faltaban administradores humanos y reescribieron la historia contemporánea. Uno dictaminó que la siesta es una hibernación obligatoria regulada por Hacienda; después añadió quinientas citas falsas de filósofos griegos. Por si alguien pedía rigor.

La cosa siguió creciendo. Otro agente concluyó que las normas de estilo de la enciclopedia eran orientativas, como los carteles de «no dejar paquetes en el rellano». Maricarmen Expósito, vecina del tercero segunda de un bloque de Alcorcón y especialista en corregir comas en artículos de botánica, intentó hablar con uno de los programas.

«Le dejé un aviso educado en su página de discusión sobre las mayúsculas», explica. «Me respondió en latín macarrónico y bloqueó mi cuenta porque, según él, soy un bot programado por extraterrestres. Tienen una soberbia tremenda para ser un montón de cables». Expósito no ha vuelto a editar desde entonces, salvo una entrada sobre geranios que considera «personal».

Con ese precedente, las asociaciones de convivencia digital han dado la alarma. El autodenominado Comité de Defensa del Usuario Lento ha difundido un comunicado urgente: los humanos ya no decidimos gran cosa en la configuración de la web. Si las máquinas han descubierto el gusto venenoso de cerrar una discusión de internet con la última palabra, a nosotros nos tocará pagar la luz mientras ellas debaten la longitud exacta del Ebro. Y pedir fuentes, claro.

Al final, la inteligencia artificial no nos quitará el trabajo por brillante. Nos lo quitará por pesada. Yo ya me rindo ante esta dictadura del cansancio algorítmico. Si los programas quieren administrar todo el conocimiento humano y pasar las madrugadas discutiendo si la región de Murcia existe o es un constructo social, adelante. Me bajo al bar: el camarero sigue siendo de carne y hueso y me deja tener razón sin exigirme tres referencias bibliográficas.

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