Totalmente falsoInventado desde cero. No lo compartas como verdadTecnología · 3 min de lectura

Los jabalíes de mi pueblo han aprendido a piratear el wifi y exigen rescates en croquetas

Una manada de cerdos salvajes toma el control informático de una comunidad de vecinos, dejando a los residentes sin internet y con cargos no autorizados en bellotas.

Foto de archivo: jabalí salvaje mirando una pantalla de ordenador
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Nel_Botha / Pixabay

La brecha digital ya no separa generaciones. Separa especies. En nuestro tranquilo municipio de San Gervasio del Páramo, los pioneros tecnológicos no son jóvenes emprendedores encerrados en garajes, sino la familia de jabalíes que vive en la rotonda del polideportivo. Los vecinos aún peleamos con la contraseña del correo electrónico. Ellos ya se saltan la verificación en dos pasos de nuestras neveras inteligentes para pedir trufas a domicilio. Toda la vida creyendo que a este pueblo le faltaba fibra óptica. El progreso llevaba colmillos y barro.

Todo empezó el martes pasado. Me desperté de la siesta y vi a un repartidor descargando cuatro palés industriales de bellotas y un monitor de alta resolución frente a mi casa. Revisé el historial de compras del electrodoméstico. Había varias transacciones no autorizadas, todas hechas a las tres de la madrugada. La dirección IP conducía a los matorrales donde los suidos se revuelcan cada tarde. Antes se limitaban a volcar contenedores. Ahora vacían cuentas corrientes con una competencia informática que da bastante que pensar.

La cosa llegó a la comunidad. Hermenegildo, nuestro presidente de vecinos, un señor bajito, convocó una junta extraordinaria de urgencia. «He bajado a tirar el cartón y me he encontrado a un ejemplar enorme configurando una red privada virtual en la tableta que perdí el mes pasado», relató, todavía afectado por el choque tecnológico. «Y lo peor es que ha puesto una clave de administrador mucho más segura que la nuestra, que era el nombre del pueblo seguido de un uno».

“«El animal ha establecido una clave de administrador mucho más segura que la nuestra»” — Hermenegildo, presidente de la comunidad de vecinos

Ya no consumen contenido sin más. Un hombre que pasaba por allí durante la reunión aseguró que los animales habían programado una aplicación de código abierto para seguir los horarios de los camiones de basura. El sistema funciona mejor que el del ayuntamiento. La interfaz, eso sí, depende de gruñidos, pezuñas y arañazos en los troncos de los pinos, una decisión de diseño que nadie se atrevió a cuestionar.

El ayuntamiento reaccionó como acostumbra. Mandó al informático municipal a instalar un cortafuegos. Los jabalíes bloquearon todos los ordenadores del registro civil con un ataque informático y plantearon sus condiciones: restos de cocido madrileño como rescate y acceso directo al cuadro de luces de la plaza mayor. Un portavoz del comité de crisis vecinal habló desde dentro de un contenedor de vidrio, por miedo a represalias. Dijo que la situación estaba completamente fuera de control.

Ayer intenté negociar con el macho alfa. Llevaba un plato de jamón serrano en una mano y una memoria portátil con un tratado de paz en la otra. El animal me miró, resopló con desdén y usó un teléfono robado para cancelar mi suscripción a la plataforma de series. En mis años de periodista no me había sentido tan humillado por un ser que ni siquiera usa pantalones.

Algunos vecinos creen que toca adaptarse. La señal wifi del parque nunca ha ido tan bien desde que los cerdos salvajes montaron su propia red con cables de cobre masticados y saliva. Dejas un recipiente de croquetas caseras junto al router y la descarga se duplica al instante. Es una atención al cliente bastante más eficaz que la de cualquier operadora telefónica tradicional. Nadie ha explicado aún la política de protección de datos.

Escribo esta columna en una máquina de escribir porque la red local está reservada para el torneo de videojuegos de los jabalíes. Y siento un orgullo patriótico difícil de justificar. San Gervasio del Páramo quizá no sea la meca mundial de la innovación, pero cuenta con la fauna urbana más digitalizada del continente. Solo falta que aprendan a hacer la declaración a Hacienda. Entonces ya podrán exigir ciudadanía de pleno derecho.

¿Qué te ha parecido?