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Castrillo estrena trenes cuánticos que viajan al pasado para evitar cualquier tipo de retraso

La empresa comarcal de transportes aplica física de partículas para que los convoyes lleguen veinte minutos antes de que el usuario decida salir de casa.

Foto de archivo: smartphone hand
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: JESHOOTS-com / Pixabay

CASTRILLO DE ARRIBA, la empresa comarcal de transportes ha presentado un sistema ferroviario de precisión temporal con el que pretende acabar con las demoras mediante computación cuántica. Lo han llamado CronoVía Cinco Mil. Los convoyes invierten su recorrido temporal sobre los raíles y llegan a la estación veinticinco minutos antes de que los pasajeros hayan pensado siquiera en salir de casa. La puntualidad técnica asciende al ciento sesenta por ciento.

«El fallo de la ingeniería tradicional consistía en dar por hecho que el futuro viene después del presente», afirma don Evaristo Péndulo, director general de Entropía Ferroviaria del consorcio. «Mandamos los convoyes al pasado reciente con taquiones acoplados al cambio de agujas y se acabaron las quejas por retraso. Si el tren de las ocho entra a las siete y media, el usuario no puede protestar por haber esperado, aunque siga en la cocina untando la tostada».

Eso resuelve una parte del asunto. En la estación central, la adaptación vecinal se ha atascado en el papeleo. Las máquinas validadoras descuentan viajes de abonos que todavía no se han comprado e imprimen billetes fechados en el siglo pasado. El consistorio pide un certificado digital caducado y un código enviado por mensaje de texto a teléfonos que aún no se fabrican. Quien no consiga sincronizarse se queda mirando cómo se cierran las puertas y el tren se retira hacia la madrugada.

“«El error de la ingeniería tradicional era asumir que el futuro va después del presente»” — Don Evaristo Péndulo, director general de Entropía Ferroviaria

«Ayer bajé a por el tren de mediodía y aparecí el jueves pasado, en la comunión de mi sobrino», cuenta don Cipriano Badajo, jubilado que pasaba por allí con una barra de pan. «Pedí un billete para la ferretería y me cobraron recargo por equipaje temporal. Mi cuñado dice que reiniciando el router se arregla, pero yo creo que nos cobran el viaje antes de que lo planeemos para tapar agujeros del presupuesto».

La confusión no ha pasado inadvertida. El departamento municipal de recaudación ya ha enviado cartas de Hacienda a varios vecinos para exigir el impuesto de trayectos previstos en las próximas navidades, con recargo por pronto pago involuntario. En el edificio junto a la vía, la comunidad de propietarios denuncia otro efecto: las vibraciones cuánticas hacen que la ropa de los balcones se recoja seca antes de haberse lavado. Una gestión doméstica discutible.

Los maquinistas tampoco salen ganando. Terminan el turno media hora antes de fichar la entrada y vuelven a casa cuando sus familias todavía no preparaban la cena de la víspera, lo que ha reabierto discusiones sobre quién tenía que bajar la basura. En los talleres han colocado un temporizador de microondas en cada cabina para limitar los desajustes. Las luces del convoy parpadean cuando alguien calienta una empanadilla en la cantina, pero de momento nadie ha pedido explicaciones.

El equipo de gobierno mantiene que el despliegue es un éxito de modernización. Recomienda salir de casa con dos horas de antelación hacia el pasado y no estornudar en el andén, por si se altera la historia local. Si las pruebas terminan bien, la concejalía llevará la misma tecnología a los autobuses. Los viajeros llegarán a su destino antes de levantarse del sofá.

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