SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaTecnología · 2 min de lectura

Waymo llega a Madrid y descubre que el algoritmo no contempla al cuñado del taxi

La compañía probará sus robotaxis en la Comunidad de Madrid con la vista puesta en 2027 y el temor a la glorieta de siempre.

Foto de archivo: laptop on desk
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Daniil Komov / Unsplash

MADRID, Waymo ha anunciado que probará sus robotaxis en la Comunidad de Madrid y prevé abrir el servicio a los primeros usuarios en 2027. Llevará sensores, mapas de alta precisión y una confianza tecnológica medida al milímetro. Falta comprobar qué hace cuando un taxi se mete en una glorieta como si Hacienda le debiera dinero.

La empresa ha preparado rutas, protocolos y respuestas para peatones, bicicletas, obras y conductores que consideran el intermitente una declaración de intenciones. Hay, sin embargo, una casilla vacía: «vehículo amarillo por la izquierda, con la autoridad moral de quien lleva veinte años aparcando en segunda fila».

La primera toma de contacto con Madrid ocurrió durante una simulación de tráfico ordinario, según el Observatorio Municipal de Cosas que Pasan en las Glorietas. El robotaxi frenó, calculó doce trayectorias y pidió permiso al universo para cambiar de carril. El taxi que venía detrás entendió aquella prudencia como una provocación filosófica.

“La prioridad la tiene quien llega con más convicción y menos tiempo.” — Inocencio Valdemoro, portavoz accidental del Comité de Conductores que Giran Porque Sí

«El coche reconoce señales, peatones e incluso una bolsa de plástico con vocación de animal», explicó Inocencio Valdemoro, portavoz accidental del Comité de Conductores que Giran Porque Sí. «Lo que no sabe es que aquí tiene prioridad quien llega con más convicción y menos tiempo para explicarlo».

El algoritmo mantuvo la calma. Midió distancias, actualizó el mapa y convocó una reunión extraordinaria entre sus módulos internos. El taxi de la glorieta hizo entonces una maniobra que el sistema archivó como «posible fenómeno meteorológico con matrícula». Después sonó el claxon el tiempo suficiente para que tres comunidades de vecinos revisaran sus estatutos.

La Comunidad de Madrid ha recibido la noticia con su optimismo administrativo habitual. El proyecto debe superar pruebas, permisos y la posibilidad de que alguien intente convocar un pleno dentro del vehículo. Por los alrededores ya circulan carteles imaginarios sobre la convivencia entre inteligencia artificial y la sabiduría ancestral del «yo estaba antes», principio jurídico ausente de los manuales de conducción autónoma.

Queda la parte delicada. Waymo tendrá que demostrar que sus robotaxis funcionan donde las obras aparecen sin previo aviso, los carriles cambian de opinión y una glorieta acaba convertida en asamblea. La empresa quiere transportar pasajeros sin conductor. Madrid espera que el coche aprenda a saludar con la mano, a ocupar el hueco imposible y a salir de la rotonda con la seguridad de quien acaba de ganar el debate.

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