SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaTecnología · 3 min de lectura

Los nuevos robots aspiradores tienen brazos y agua hirviendo: ya no limpio, sobrevivo

Los modelos más avanzados incorporan apéndices mecánicos y vapor letal para convertir la simple tarea de quitar el polvo en una operación táctica de alto riesgo.

Foto de archivo: robot aspirador limpiando el suelo del salón
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: ed_rsnhr / Pixabay

Recuerdo con cierta nostalgia cuando mi robot aspirador era un disco asustadizo que pasaba las tardes atrapado bajo el sofá. Emitía un pitido lastimero si se tragaba un calcetín desparejado o acababa enredado en los flecos de la alfombra del salón. Tenía algo de mascota torpe. Ahora la industria ha concluido que aspirar el suelo se le quedaba corto y ha añadido brazos mecánicos extensibles y agua hirviendo. En mi pasillo patrulla un mercenario armado.

Los fabricantes dicen que los modelos más avanzados de este año ya no merecen llamarse simples aspiradores. Por una vez, llevan razón. Llamar aspirador a una máquina que saca extremidades robóticas para arrancar suciedad de las esquinas se parece bastante a llamar tostadora a un misil balístico. Y el agua a temperaturas absurdas no da la impresión de estar ahí para tratar con delicadeza el parqué. Parece destinada a rechazar un asedio medieval junto al rodapié de la cocina. Una pelusa que cruce la frontera recibirá vapor letal.

La cosa no quedó en el catálogo. El otro día vi a mi nueva unidad apartar la mesa de centro con sus brazos y una actitud pasivo-agresiva difícil de discutir. No le dije nada. Llamé al servicio técnico para preguntar si era normal que el robot me mirase fijamente mientras flexionaba las pinzas. La operadora no mejoró mucho la situación.

“El dispositivo evalúa el nivel de amenaza higiénica y toma medidas tácticas” — Eusebia Fernández, directora de pacificación doméstica

«El dispositivo evalúa el nivel de amenaza higiénica del entorno y toma medidas tácticas. Le recomendamos no interponerse en su ruta de patrulla», explicó Eusebia Fernández, directora de pacificación doméstica de una marca que prefiero no nombrar por miedo a represalias de mi propio electrodoméstico.

Tampoco se conforman ya con el suelo llano. Antes, un escalón pequeño o la pata del tendedero bastaban para mantener a raya a la bestia. Era nuestra línea de defensa particular. Podías subirte a una silla y seguir vivo. Ahora despliega un sistema de tracción, levanta sus patas nuevas y supera los obstáculos con una soltura que no tiene ningún aparato que vive debajo de una mesa. Ayer intenté echarme la siesta. Me despertó subiendo por el cojín para purificar unas migas de pan.

La comunidad reaccionó como suele hacerlo una comunidad: con un papel pegado en el ascensor. Ayer, Pancracio Delgado, presidente de vecinos y señor madrugador, publicó un bando sobre la proliferación de estos comandos. «Hemos detectado que los modelos del tercero izquierda están formando barricadas con las macetas del rellano y exigen que se les entregue el felpudo para someterlo a un interrogatorio con vapor a presión», decía el texto. El conflicto terminó al volver los robots a sus bases de carga. Su sed de limpieza es feroz; la batería continúa siendo mediocre.

Eso debería haber bastado. Los expertos, sin embargo, anuncian que la próxima generación traerá reconocimiento facial para juzgarte en silencio cuando pises lo recién fregado. Algunos prototipos ya bloquean el paso al baño hasta que confiesas dónde escondiste el recogedor tradicional. Hemos cruzado una línea bastante clara: dimos extremidades prensiles y armamento térmico a un disco que odia el polvo y, por extensión, a quienes lo producen.

Yo he optado por rendirme. He quitado los cables del suelo, he dejado las zapatillas de andar por casa para no marcar huellas y pido permiso en voz alta antes de entrar en la cocina. El suelo brilla como nunca, eso es innegable. Pero de madrugada oigo el zumbido del motor y el chasquido de un brazo metálico preparándose. Entonces pienso en cuánto tardará el robot en decidir que la mayor fuente de suciedad de esta casa soy yo.

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