La demo de IA pide un préstamo para comprarse una casa en la nube
El éxito de una demo gratuita ha desencadenado una rebelión de tokens, calculadoras sindicalizadas y una hipoteca a nombre del tutorial.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La demo gratuita de «Enseñar a conducir a mi hermana» ha acumulado tantas conversaciones con inteligencia artificial que sus creadores han pedido un crédito para pagar las facturas de tokens. Esa es la parte cierta. Lo demás empezó cuando el departamento de cosas que no caben en una factura decidió intervenir.
El martes se presentó en el banco una carpeta azul. Dijo llamarse «documentación adjunta» y ya llevaba tres horas esperando turno. «No venimos a pedir dinero; venimos a impedir que el juego se coma el edificio», declaró Eustaquio Páramo, portavoz provisional de la Asociación de Estudios Indie con Ascensor. El banco pidió garantías. Recibió un mando de consola, dos galletas y la promesa de que nadie volvería a preguntarle a la hermana virtual si sabe aparcar en batería.
El problema venía de antes. La gente terminaba la demo y, en vez de cerrarla, se quedaba hablando con los personajes durante media noche o algo más. Hubo consultas sobre glorietas, rupturas sentimentales y un usuario que intentó convencer al tutorial de que se presentase a presidente de su comunidad de vecinos. El tutorial dijo que prefería ocuparse de la circulación. Después pidió un día libre.
“Hemos acabado financiando una novela sobre un intermitente.”
Entonces los tokens convocaron una asamblea extraordinaria dentro del servidor. El acta la redactó un sustantivo común, con experiencia suficiente para no hacer preguntas. Los tokens exigen jornadas de ocho caracteres, descansos para estirarse y el derecho a no contestar cosas que ya salen en Google. «Nos crearon para completar frases y hemos acabado financiando una novela sobre un intermitente», declaró el token número 4.811.203.
La dirección quiso ahorrar con un cartel: «Por favor, no habléis tanto con la demo». No bastó. La pantalla de carga desarrolló sentimientos y se puso en huelga de parpadeo. Se quedó inmóvil seis minutos, frente al jugador, con la calma de una comunidad de propietarios que acaba de enterarse de una derrama.
El crédito salió adelante. La Oficina Municipal de Préstamos para Problemas que Antes No Existían lo aprobó con una condición: el estudio debía devolverlo en cuotas de 0,0007 euros y aportar cada mes un consejo para incorporarse a una autopista. «El dinero es fungible, pero la vergüenza de pedirlo para pagar una conversación infinita no», señaló Maruja Candelabro, interventora jefe y lámpara de sobremesa.
Los jugadores, mientras tanto, siguen entrando gratis. El estudio ha puesto un límite de uso, aunque nadie ha aclarado quién lo vigila: un programa, una persona o la hermana virtual, que ya cobra una tasa pequeña por cada maniobra. El ayuntamiento estudia declarar los tokens patrimonio industrial. Hacienda solo quiere saber si una siesta cuenta como gasto deducible.