SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaUE · 2 min de lectura

Europa prepara las gafas inteligentes para pedir permiso hasta a las farolas

Los reguladores recomiendan luces y avisos sonoros para alertar de las grabaciones; el sector estudia añadir una pequeña ventanilla de reclamaciones.

Foto de archivo: persona con gafas inteligentes en la calle
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: ThoughtCatalog / Pixabay

BRUSELAS, las gafas inteligentes europeas avanzan hacia un futuro luminoso, ruidoso y administrativamente agotador. Los reguladores de privacidad han recomendado que incorporen luces parpadeantes, alertas sonoras o notificaciones para avisar a quienes estén cerca de que están grabando.

La idea busca evitar que alguien descubra su aparición accidental en un vídeo por una ceja que le resulta sospechosamente familiar. A la industria le ha sentado con la calma de quien abre la caja de su nuevo dispositivo y encuentra dentro un permiso de obras. Las primeras propuestas traen una luz ámbar, dos pitidos y un aviso en varios idiomas: «Atención, alguien podría estar haciendo algo interesante sin darse cuenta».

Eso, naturalmente, exige coordinación.

“La privacidad debe ser visible desde la otra punta de los congelados.” — Celestino Párpado, portavoz del Comité Europeo para la Coordinación de Cosas Que Parpadean

El Comité Europeo para la Coordinación de Cosas Que Parpadean, entidad inventada para esta ocasión, calcula que una persona con gafas, teléfono, reloj y auriculares puede parecer un vehículo de emergencia mientras compra congelados. «La privacidad debe verse desde la otra punta del pasillo de congelados», explicó su portavoz, Celestino Párpado, que rellenaba a la vez un formulario para autorizar el brillo de su grapadora.

Y los avisos no terminan ahí.

Según el borrador de instrucciones de la Oficina de Señales, Timbres y Pequeñas Molestias, las gafas avisarían antes, durante y después de grabar. Primero habría un destello preventivo. Durante la grabación sonaría una alarma moderada, excepto en las bibliotecas, donde se cambiaría por una alarma silenciosa de color naranja. Al final quedaría una notificación para quienes salieron de fondo y quieran presentar alegaciones contra su propia nariz.

La cuestión ha alcanzado a los objetos cercanos.

Un perchero que permanecía de pie junto a una demostración imaginaria en el barrio europeo ha reclamado que las farolas indiquen también si están observando. Reconoció, eso sí, que pasa casi todo el tiempo inmóvil, esperando a que anochezca. «No quiero una cámara en la cara, pero tampoco quiero ser el único mueble sin política de privacidad», declaró desde una esquina.

En varias comunidades de vecinos ya se estudia un protocolo común. El presidente anunciaría cada grabación en el tablón; la vicepresidenta vigilaría el volumen de los pitidos. El cuñado de la cuarta planta, como era de esperar, se ha ofrecido para comprobar si la luz se ve desde la cocina. Hacienda aún no ha pedido una copia del vídeo, aunque fuentes absolutamente no oficiales sostienen que la solicitará si aparece una terraza sin declarar.

La parte real es más breve. Los reguladores europeos han recomendado luces parpadeantes, alertas sonoras o notificaciones para avisar a las personas cercanas cuando unas gafas inteligentes estén grabando. Todo lo demás, incluidos los comités, los protocolos vecinales y la posible crisis diplomática con las farolas, lo ha añadido este periódico para que la tecnología pueda explicar sus deberes.

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