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Europa aprueba un marco normativo que cobra vida y exige descansos de veinte minutos

El nuevo reglamento es tan inabarcable que ha desarrollado sentimientos y redacta sus propios formularios de queja ante el exceso de corrientes de aire en la oficina.

Foto de archivo: enorme pila de documentos en oficina
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: myrfa / Pixabay

BRUSELAS, Tras la broma viral que comparaba un titular estadounidense sobre cien mil millones de dólares para la inteligencia artificial con otro marco normativo europeo, el Departamento Continental de Burocracia Espesa ha decidido insistir con el papeleo hasta darle una existencia propia.

Esta mañana se ha presentado el Nuevo Marco Integral para la Evaluación de Marcos Normativos Previos. Va impreso en papel de calco cuádruple, encuadernado en piel de burócrata y pesa seiscientas toneladas. Los técnicos de mantenimiento dicen que emite un zumbido bajo. De momento lo atribuyen a que está a punto de adquirir conciencia.

«Estados Unidos tendrá algoritmos que escriben poesía y conducen coches, pero nosotros tenemos un formulario que te obliga a rellenar otros tres formularios secundarios para pedir disculpas por haberlo mirado fijamente», ha declarado Amelia Sotillo, subdirectora del departamento de trámites inabarcables. Sotillo sostiene que el reglamento ya padece un profundo sentimiento de abandono y reclama que un funcionario de nivel superior le lea el boletín oficial en voz alta cada noche, antes de apagar la luz.

“Le tuve que poner mi propia bufanda de lana al anexo B para que dejara de tiritar.” — Eusebio Cifuentes, bedel mayor del edificio institucional

El asunto ha seguido su curso. Para responder a las inteligencias artificiales de otros continentes, las autoridades han entrenado una entidad digital propia con evaluaciones de impacto ambiental de 2004, normas derogadas sobre la curvatura de los pepinos y actas de comunidades de vecinos especialmente problemáticas.

El sistema se niega a tratar cualquier dato sin recibir antes una fotocopia compulsada del carné de identidad. Ayer por la tarde redactó, por iniciativa propia, una nota orientativa de novecientas páginas. Explica, con el idioma administrativo habitual, cómo sujetar una grapadora antes de empezar a leer la nota orientativa anterior.

Y el papel ya ha empezado a organizarse. El archivo central del complejo institucional permanece acordonado desde que el documento principal intentó afiliarse sin ayuda a un sindicato de clase. La resma exige descansos recogidos en convenio para asimilar las oraciones subordinadas condicionales de su propio texto fundacional. Veinte minutos, como mínimo.

Eusebio Cifuentes, bedel mayor del edificio y responsable de repartir cafés entre las comisiones, asegura que la pila gigante de folios respira con dificultad. «Ayer pasé por el pasillo de legislación comparada y oí toser a la sección sexta de cumplimiento. Tos seca. También se quejaba de las corrientes de aire. Le puse mi bufanda de lana al anexo B para que dejara de tiritar», relata, sujetando un sello de caucho con las dos manos por miedo a represalias del papel.

Mientras las grandes tecnológicas celebran sus avances, las oficinas continentales han creado de urgencia un comité de sabios. Su única función legal consiste en redactar un manual para entender al comité anterior, que supervisa a esos mismos sabios. El texto final llegará la próxima década, si la normativa no se emancipa antes de sus creadores y se va a vivir al campo, lejos del estrés administrativo de la gran ciudad.

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