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La UE convierte las normas de un Airbnb en directiva y pone un Comisario de Ducha en cada baño

La nueva normativa exige un Comisario de Ducha en cada baño y sella la cocina si el turista ignora el modo ecológico del lavavajillas.

Foto de archivo: cartel con normas de la casa pegado
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: andjohan / Flickr (CC BY 2.0)

BRUSELAS, tras la publicación viral en X de las normas de un anfitrión europeo, la Unión Europea ha decidido que aquel régimen doméstico era justo lo que le faltaba al continente. Aire acondicionado a veintidós grados, duchas permitidas de seis a nueve de la tarde y cien euros de multa por reciclar mal. Hoy el Parlamento ha aprobado la Directiva Paneuropea de Conducta Térmica e Hidráulica del Huésped, que convierte esas condiciones en ley para cualquier apartamento turístico de la Unión.

«Fue un momento de absoluta claridad legislativa», explicó Hilaire Gota, Subsecretario de Humedad y Regañinas Acuáticas, mientras se ajustaba la corbata homologada. «Vimos aquella ventana de tres horas para lavarse y entendimos que ese ciudadano había llegado a una hostilidad con la que nosotros solo podíamos fantasear. Así que la hicimos vinculante».

Ningún visitante podrá asearse fuera de la franja sagrada entre las dieciocho y las veintiuna horas. Cada alojamiento tendrá que instalar un Comisario de Ducha en el cuarto de baño. Permanecerá callado detrás de la cortina, con cronómetro, y cortará el agua si alguien sigue aclarándose el champú a las nueve y un minuto. Después emitirá un bufido administrativo.

“«Ha alcanzado un nivel de hostilidad que nosotros solo podíamos soñar»” — Hilaire Gota, Subsecretario de Humedad y Regañinas Acuáticas

El mando del aire acondicionado irá dentro de un bloque de hormigón transparente y quedará fijado para siempre en veintidós grados. Breve y definitivo. Si un huésped pide más frío, saltará una alarma conectada con el Ministerio de Sudores Nocturnos. El organismo enviará un dron con una manta zamorana de pura lana virgen, que dejará caer sobre el infractor hasta que valore la eficiencia.

También los residuos han ascendido a jurisdicción comunitaria. «Si alguien mete una caja de pizza manchada en el contenedor azul, las puertas de la cocina se sellarán y aparecerá un holograma de un burócrata de Bruselas», detalló Carlota Basura, Directora General de Pánico Ecológico y Cajas de Cartón. La bronca durará setenta y dos horas. Nadie ha aclarado quién paga la electricidad del holograma.

El capítulo cuarto reserva otro gesto de afecto para los lavavajillas. Solo podrán funcionar en modo ecológico y cuando estén abarrotados. Quien haya manchado dos platos deberá llamar a los vecinos y pedir vajilla sucia hasta alcanzar el peso reglamentario. Y cada electrodoméstico llevará un chip de conciencia para protestar en voz alta cuando una sartén quede mal colocada.

La cosa ya ha empezado a notarse. En un piso vacacional, el reglamento impreso de la casa desarrolló dientes y vigila el felpudo mientras exige formularios por triplicado, según el presidente de la comunidad. Un señor que pasaba por allí vio cómo sus propios calcetines se afiliaban a un sindicato. Se negaban a ser lavados fuera del horario oficial estipulado.

Las autoridades prevén tenerlo todo en marcha antes del verano. A los viajeros les aconsejan llevar un termómetro calibrado por Hacienda, un cuadrante de turnos de higiene y una culpa profunda, sostenida, para cuando miren demasiado tiempo a un electrodoméstico.

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