SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaUE · 2 min de lectura

Bruselas descubre que la flexibilidad también sirve para doblar las normas

La Comisión Europea propone flexibilidad a los importadores de metano mientras Europa mira el invierno y calcula el precio de la calefacción.

Foto de archivo: termostato de radiador en casa fría
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: spierzchala / Flickr (CC BY 2.0)

BRUSELAS, la Comisión Europea ha propuesto dar flexibilidad a los importadores de metano para rebajar costes mientras Europa se asoma a otro invierno de energía cara. Quienes temían que el reglamento llegase al frío con la rigidez de una persiana bajada han recibido la noticia con un alivio bastante administrativo.

La propuesta permite a los importadores cumplir sin tener que contener la respiración. En Bruselas han puesto la palabra «flexibilidad» al lado de un reglamento recién estrenado y han descubierto que, al empujar un poco, la norma se desplaza lo justo para que pase un camión.

Nicanor Pliegue, portavoz del Grupo Europeo para la Interpretación Elástica de los Reglamentos, precisó que nadie habla de saltarse las reglas. Se trata de que se inclinen con educación cuando aparece una factura energética. «Una norma flexible es como una tortilla poco cuajada: sigue siendo una norma, pero conviene no levantarla demasiado pronto», declaró desde dentro de una carpeta azul.

“Una norma flexible es como una tortilla poco cuajada.” — Nicanor Pliegue, portavoz del Grupo Europeo para la Interpretación Elástica de los Reglamentos

Y ya hay procedimiento. Los importadores deben acercarse al reglamento, saludarlo, reconocer su autoridad y preguntarle si tendría inconveniente en apartarse durante los meses de más frío. Si se niega, el protocolo aconseja llevarlo a una reunión sobre eficiencia administrativa. Allí suele quedarse dormido antes del segundo punto del orden del día.

El asunto ha animado unos pasillos comunitarios que rara vez piden tanto. Han llamado a varias calculadoras para averiguar cuánto cuesta cumplir una regla, cuánto flexibilizarla y cuánto cuesta explicar en una nota de prensa que ambas cosas son idénticas, aunque una tenga calefacción. Una grapadora del despacho de asuntos regulatorios pidió calma. «Yo también aprieto cuando hace falta y suelto cuando la situación lo aconseja», afirmó.

Fuera de los edificios europeos, los hogares preparan un invierno caro. Los radiadores han pasado a ser objetos de contemplación y algunas comunidades de vecinos estudian convocar un pleno para aprobar una siesta térmica. En ciertos portales se ha propuesto calentar una habitación por turnos. El presidente ha recordado que antes debe pronunciarse la comisión de asuntos relacionados con las mantas.

Bruselas mantiene que quiere reducir costes sin perder de vista las obligaciones climáticas. Para dejar constancia, el Ayuntamiento Europeo de las Cosas Complicadas ha pegado una etiqueta en la puerta del reglamento: «Por favor, no doblar». Debajo aparece una nota a lápiz: «Salvo urgencia, factura o invierno».

Queda una enseñanza provisional para el continente. Las normas pueden ser nuevas, solemnes y redactadas con esmero, pero una factura de energía tiene recursos propios. El reglamento ya ha empezado a estirarse. Aún no llega al suelo con las manos; de momento mira de reojo a la calefacción.

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