SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaUE · 2 min de lectura

Bruselas prepara un certificado para demostrar que el salón también es una oficina

El debate europeo sobre teletrabajo e inteligencia artificial alcanza su desenlace lógico: regular cuándo se puede volver a casa estando ya en casa.

Foto de archivo: portátil en mesa del salón
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Bellahu123 / Pixabay

BRUSELAS, Los ministros de la Unión Europea han debatido medidas sobre teletrabajo e inteligencia artificial para la futura ley de empleo de calidad, procurando que las empresas no pierdan competitividad por el camino. De ahí se ha pasado, con la seriedad habitual, a decidir cuándo puede un trabajador remoto «irse a casa» si ya está sentado en el sofá de su casa.

En la versión satírica del reglamento, cada vivienda tendrá que marcar una frontera administrativa entre el trabajo y el descanso. Servirá una tira de cinta adhesiva, una planta de interior o la mirada de reproche de la comunidad de vecinos. Quien cruce esa línea sin permiso durante la jornada realizará una escapada internacional de unos cuatro metros.

El texto imaginario prevé además un certificado europeo de retorno al domicilio, conocido como formulario Vuelve. Acreditará que la persona no ha dejado el puesto de trabajo: solo ha dejado una silla para ocupar otra prácticamente igual. Tendrá 46 casillas. Una de ellas preguntará si el pijama entra en la categoría de vestuario profesional o en la de «ya veremos después de comer».

“El trabajador deberá demostrar que está en casa, pero no demasiado en casa.” — Nerea Páramo, portavoz accidental de la Oficina para la Geometría del Teletrabajo

«El trabajador deberá demostrar que está en casa, pero no demasiado en casa», explicó Nerea Páramo, portavoz accidental de la Oficina para la Geometría del Teletrabajo, mientras sellaba un plano del pasillo. «La competitividad exige que el empleado descanse con rapidez, siempre que no parezca que lo está disfrutando».

La inteligencia artificial también interviene. El algoritmo laboral podrá decidir si una videollamada procede de un despacho, de la cocina o de aquel rincón del dormitorio que se montó como solución provisional en 2020 y ya cuenta como patrimonio familiar. Si aparece una tostadora al fondo, emitirá una recomendación para proteger la imagen corporativa. En los casos graves, propondrá conceder una excedencia a la tostadora.

Y habrá descanso, en teoría. El reglamento ficticio concede a todos los europeos una pausa de siesta, siempre que la pidan con tres semanas de antelación y prueben que no incluye elementos de ocio. Hacienda podrá solicitar un justificante de ronquido. La comunidad de vecinos comprobará que el silencio laboral no supera los límites establecidos para el portal.

El debate real sigue tratando de proteger a quienes trabajan con nuevas tecnologías sin restar competitividad a las empresas. Lo demás pertenece, por ahora, a la imaginación y a la burocracia trasladada al rellano. Queda una duda sin resolver: si respondes un correo desde la cama, ¿sigues trabajando o ya teletrabajas en diferido?

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