El nuevo decreto de alquiler exige pedir el divorcio y pagar pensión al echar al inquilino
La reciente ordenanza municipal obliga a caseros y arrendatarios a acudir a terapia de pareja para resolver sus diferencias sobre la reparación de la lavadora.

VILLACANUTOS DEL CONDADO. La reciente ordenanza sobre alquileres transforma el arrendamiento urbano en un vínculo sagrado. Y para siempre. Desde esta misma mañana los propietarios que quieran echar a alguien de su piso tienen que pedir el divorcio por lo civil en el juzgado de primera instancia. La normativa exige cuarenta sesiones obligatorias de terapia de pareja. El dueño también debe abonar una pensión compensatoria vitalicia para que el arrendatario mantenga exactamente el mismo nivel de vida.
Todo el texto legal busca ahorrarle al ocupante el trauma físico de empaquetar sus pertenencias. Estampar una firma en un contrato equivale ya a casarse en régimen de gananciales asimétricos. El casero jura solemnemente cuidar y respetar al inquilino en la salud y cuando se rompe la caldera en pleno enero. Asume las derramas del bloque. Y se compromete a mantener el vínculo intacto hasta que un escape de gas los separe para siempre.
Esta obligación de lealtad absoluta ha descolocado a los rentistas tradicionales. «Yo solo pretendía sacarle un sobresueldo al piso viejo de mi tía. Ahora resulta que debo invitar al chaval que estudia filosofía a pasar la Nochebuena en mi mesa porque la ley nos considera familia directa», confiesa Eustaquio Ladrillo. Este casero se encuentra en pleno proceso de separación de su tercer inquilino en lo que va de año. «Me exige la custodia compartida del robot aspirador. Y una pensión mensual para pagar sus cuentas de series. El martes vamos a mediación para ver quién se queda el mando del garaje».
“«Me exige la custodia del robot aspirador y una pensión para sus series»”
Resolver disputas por estos electrodomésticos requiere ahora asistencia jurídica especializada. El nuevo Departamento de Cohabitación Forzosa facilita a los dueños un equipo de abogados matrimonialistas expertos en desahucios románticos. Romper el contrato exige demostrar ante el juez un deterioro irrecuperable del afecto. Un requisito procesal casi imposible de cumplir. Si la persona alquilada decide presentarse en la sala del juzgado con un ramo de flores y recita poemas impresos en los recibos de la luz atrasados, el magistrado tumba la demanda de inmediato.
Frente a estas sentencias judiciales desfavorables, ni siquiera el impago continuado sirve como motivo de ruptura. La legislación estipula claramente que el amor verdadero no entiende de deudas de meses anteriores. Se sugiere al propietario preparar una cena caliente para reavivar la llama de la solvencia. Cambiar la cerradura a escondidas resulta ser la peor idea posible. La policía lo tipifica al momento como un delito de abandono del hogar con agravante de frialdad emocional. El castigo habitual obliga al responsable a pagar la cuota íntegra del gimnasio del inquilino durante una década.
Ante la amenaza de acarrear con tantas penalizaciones económicas, los dueños buscan lagunas legales desesperadamente. «Notamos que bastantes propietarios alegan infidelidad cuando descubren que su inquilino mira fotos de chalets adosados en portales de internet», explica Concepción Llave, subdirectora del Registro de Uniones Inmobiliarias. «Pero la normativa es muy estricta. Mirar otras casas no constituye adulterio. Al menos mientras no se llegue a depositar otra fianza en metálico. Si alguien quiere recuperar su piso vacío sí o sí, tendrá que financiar un crucero de catorce días a los ocupantes como indemnización por puros daños sentimentales».
El ayuntamiento intenta gestionar las nuevas expectativas amorosas del mercado libre. Acaba de arrancar un programa de citas rápidas para arrendadores. Los dueños de pisos interiores oscuros disponen de tres escasos minutos frente a la mesa. Tienen que convencer a los candidatos de que son su media naranja y no van a subirles la cuota anual. Los tribunales civiles siguen colapsados por asuntos domésticos. Los jueces acumulan cientos de disputas legales sobre a quién le toca bajar la basura los martes en una relación contractual a distancia. Firmar un contrato se consolida en la ciudad como el compromiso humano más firme que se puede asumir en vida.