SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaDinero · 3 min de lectura

Echar al inquilino requerirá terapia de pareja y custodia compartida del geranio

El nuevo decreto obliga a los caseros a pagar pensión compensatoria y repartir los bienes gananciales si deciden finalizar el contrato de alquiler indefinido.

Foto de archivo: sesión de terapia de pareja
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Open_Arms_Initiative / Pixabay

Alquilar un piso exige desde hoy más compromiso que firmar un acta matrimonial. El martes se publicó en el Boletín Oficial del Estado el decreto que convierte los arrendamientos en indefinidos. Entregar las llaves de una vivienda a partir del quince de noviembre supone asumir una relación de pareja a todos los efectos legales. El Gobierno ha modificado el cálculo de la indemnización por ruptura de contrato. Romper el vínculo pasará de un simple trámite en un mostrador a un divorcio contencioso con pensión compensatoria y semanas de litigio.

Eusebio Pancorbo es uno de los afectados que ya ha llamado a su abogado. Este propietario de Alcorcón alquiló su piso de tres habitaciones el año pasado por setecientos euros. Ahora convive legalmente con una pareja de hecho a la que apenas conoce. Su inquilino colecciona cajas de pizza vacías junto al sofá. Pedirle que recoja sus cosas y se marche requiere abonar una liquidación inasumible. El domingo a la hora de comer su cuñado hizo los cálculos sobre un posavasos. Desahuciar al joven cuesta bastante más dinero que comprar un velero de segunda mano y pagar el amarre.

Pero el gasto económico es solo el principio de las exigencias. Un portavoz del recién creado Ministerio de Asuntos Sentimentales Inmobiliarios atiende a la prensa en los pasillos. «No puedes romperle el corazón a alguien con quien compartes humedades en el baño desde hace tres años». El funcionario hizo estas declaraciones mientras dibujaba un corazón roto en el reverso del documento. El casero que quiera extinguir el vínculo asume una fuerte penalización por el daño emocional de la ruptura. Y tiene la obligación de garantizar el nivel de vida del inquilino pagando de su bolsillo la diferencia si la nueva casa recibe menos horas de sol en invierno.

“«No puedes romperle el corazón a alguien con quien has compartido humedades en el baño».” — Un portavoz del Ministerio de Asuntos Sentimentales Inmobiliarios

El dinero tampoco es el único obstáculo para lograr la separación legal. La normativa impone un periodo obligatorio de terapia antes de formalizar cualquier desahucio. Propietario e inquilino tienen que sentarse frente al presidente de la comunidad de vecinos en el rellano de la escalera. El objetivo de la cita es salvar la relación afectiva. Las sesiones diseccionan los roces diarios de convivencia para forzar un perdón sincero entre las partes.

Durante estas charlas obligatorias afloran las miserias del día a día. El mediador le pregunta al dueño por qué tarda siete días enteros en avisar al fontanero. Al inquilino se le afea su costumbre de arrastrar muebles de madrugada. Si no hay arreglo de ningún tipo se procede a calcular el finiquito sentimental. El juez establece entonces la custodia compartida de la lavadora y un régimen de visitas estrictamente tasado para regar el geranio del balcón de forma alterna los fines de semana.

Esta clase de condiciones encuentran mucho apoyo fuera de los despachos oficiales. Amparo pasaba por la zona arrastrando un carro de la compra cargado de puerros. Mostró su apoyo total a las nuevas medidas del decreto. «A mí me parece estupendo, a mi casero ya le he dicho que si quiere que me vaya me paga unas vacaciones en Torrevieja para superar el abandono». La señora ajustó el asa de plástico de su carro. «Y además le exijo por contrato que me diga que el gotelé del pasillo me hace juego con los ojos cuando viene a revisar el calentador».

Así que cualquier valiente que piense en poner su casa en el mercado debe andarse con cuidado. Piénselo bien antes de entregarle un juego de llaves a un extraño. Asegúrese de que hay verdadera química con el arrendatario durante la primera visita. Pregúntese si está dispuesto a pasarle una pensión vitalicia cuando la rutina desgaste el amor. Hacienda vigila de cerca todas las rupturas amorosas con afán puramente recaudatorio. El Congreso decide en un par de semanas si este matrimonio forzoso termina aprobándose o si alguien pide el divorcio justo antes de la boda.

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