Los peatones de Madrid Río piden asilo ante la autopista de 5 km/h
La velocidad de patinetes y bicicletas eléctricas ha llevado al parque a organizarse como una comunidad de vecinos con casco.

MADRID, Los usuarios de Madrid Río reclaman controles ante la velocidad de patinetes y bicicletas eléctricas. Varios peatones ya describen el paseo como una autopista con árboles, bancos y una ausencia bastante inquietante de señales de aterrizaje. El Ayuntamiento estudia cómo imponer el límite de 5 km/h, cifra que por el parque se menciona con la gravedad de una ley antigua.
Los peatones han creado la Plataforma de Personas Que Iban Tranquilamente. La preside Matilde Sopor, vecina del distrito y especialista en cruzar caminos sin que ocurra nada extraordinario. «Antes veníamos a pasear. Ahora calculamos trayectorias como controladores aéreos», explicó desde detrás de un arbusto, refugio elegido tras detectar una bicicleta a una velocidad «claramente superior a la de una tostada cayendo».
El martes aparecieron las primeras consecuencias. Tres bancos del parque presentaron una instancia para que los trasladaran a una zona peatonal protegida. El escrito, firmado con una huella dactilar de barniz, dice que llevan semanas soportando «frenazos emocionales, conversaciones interrumpidas y culpas que no les corresponden». El Ayuntamiento ha registrado la petición. De momento, no consta un departamento de mobiliario urbano con ansiedad.
“Ahora calculamos trayectorias como si fuéramos controladores aéreos”
Luego pidieron ayuda los semáforos. Arturo Verde, portavoz del Comité de Señales que Llevan Demasiado Tiempo Esperando, afirma que los patinetes pasan a su lado «con una confianza que no se veía desde que el cuñado descubrió los grupos de WhatsApp». Propone radares, silbatos y una persona mayor que diga «despacito» con autoridad. Para el límite de 5 km/h, no parece excesivo.
La discusión llegó también a la fauna local. Una urraca llamada Jacinta ha anunciado el Sindicato Independiente de Aves Que No Quieren Ser Adelantadas. Piden reservar el carril izquierdo para vuelos cortos y que toda bicicleta eléctrica pite antes de entrar en una conversación. «Nosotras ya tenemos bastante con esconder cucharillas», declaró Jacinta durante una asamblea sobre una papelera, «como para competir además con una máquina que lleva luces».
En el número 14 de la calle imaginaria del Río, la comunidad de vecinos ha colocado un tablón para anotar avistamientos. La primera hoja recoge un patinete visto «con mucha prisa», una bicicleta que «parecía tener un destino» y un corredor que, según el informe, «mantuvo la calma porque no llevaba ruedas». Al final figura una recomendación de Hacienda: declarar las maniobras evasivas como actividad económica cuando superen las cuatro por trimestre.
El Ayuntamiento sigue estudiando fórmulas. Mientras tanto, los peatones caminan en formación de abanico, método que complica los adelantamientos y deja hablar de la compra, la siesta y quién ha dejado otra vez el táper en la nevera. Los bancos aguardan respuesta. Las urracas esperan negociar. El límite de 5 km/h continúa donde estaba, inmóvil, viendo pasar el futuro a velocidad administrativa.