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El Gobierno intenta esconder el excedente de aceite, pero el líquido se escapa buscando pan

Competencia advierte de que ocultar la cosecha récord para evitar una bajada de precios es imposible porque el oro líquido se ha sindicalizado y exige ser consumido.

Foto de archivo: aceite de oliva
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: JillWellington / Pixabay

JAÉN. La cosecha de aceite de oliva de este año reventó todas las previsiones. El Ministerio de Agricultura activó anoche un operativo de urgencia para enterrar millones de litros y mantener el precio a un nivel inaccesible. Han alquilado todas las cuevas de la península. También el túnel de la M30 y la plaza de garaje del cuñado de un subsecretario. Ahí calculan que caben unos doce palés.

Ese plan de almacenaje tiene lagunas de ejecución. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia avisó mediante un informe interno de que esconder la grasa es físicamente imposible. «El líquido está desarrollando una voluntad propia muy resbaladiza», detalló Eustaquio Pringue. Es el director de contención oleica del gobierno. Ayer intentaron encerrar tres mil toneladas de virgen extra en un silo nuclear abandonado y el producto se escurrió por la rendija de la puerta. Ahora tienen un lago amarillo paseando por la provincia de Ciudad Real buscando pan tostado.

Esa fuga en La Mancha es solo el principio. El aceite se organiza en asambleas. Exigen su derecho a ser comprados y consumidos. Las garrafas PET de cinco litros escapan de las naves clandestinas durante la pausa para el bocadillo de los guardias jurado, rodando en silencio por las cunetas y sorteando los controles de tráfico hasta apilarse en la puerta de los supermercados. Quieren acabar en el fondo de una ensaladera de cristal Duralex. Bajar el precio de venta al público es su único camino para lograr ese objetivo vital.

“El líquido está desarrollando una voluntad propia muy resbaladiza” — Eustaquio Pringue, director de contención oleica del gobierno

Frenar a las garrafas rodantes exige medidas contundentes. Obligarán a los funcionarios del Estado a beberse un litro de arbequina en ayunas los martes. Y planean rellenar las piscinas municipales con variedad picual para el aquagym de los jubilados. El sindicato de socorristas vetó la propuesta de inmediato. El silbato de plástico rojo se les resbalaba de la boca. Los bañistas salían propulsados fuera del recinto municipal a una velocidad difícil de controlar.

Tampoco los incidentes acuáticos calman a los reguladores. Competencia sigue mandando avisos formales. Las leyes del mercado no se detienen tapando una presa con un tapón de corcho gigante. Pero el gobierno probó exactamente eso a primera hora de hoy. Un portavoz del regulador recordó que el comprador tiene derecho a resbalar por los pasillos a precios razonables. Habló desde el interior de una aceituna promocional de cartón piedra. «Si el aceite quiere ser barato y pringar a toda la población, ¿quiénes somos nosotros para frenar la voluntad de las grasas monoinsaturadas?», preguntó el técnico. Intentaba mantenerse en pie sobre un charco de dos dedos de grosor.

Y ese charco no deja de expandirse por el suelo. Los agrónomos calculan que la bolsa rebelde acabará fusionándose con un excedente de vinagre. Ese otro líquido lleva quince días atrincherado en el cuarto de basuras de un bloque de pisos en Móstoles. Si ambas sustancias se mezclan en la M-50 sin la presencia de sal marina, España sufrirá la primera tormenta de vinagreta registrada en la meteorología europea.

Mientras se estudia ese pronóstico del tiempo, en las viviendas ocurre algo distinto. Los ciudadanos abren el grifo del lavabo y no sale agua del Canal de Isabel II. Reciben un chorro dorado con acidez de 0,4 grados. Hacienda emitió un comunicado urgente poco después de comer. Considerarán este suministro directo en los hogares como una retribución en especie. Los contribuyentes tendrán que declararlo en la campaña de renta de la próxima primavera como incremento patrimonial oleoso.

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