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Esconderán el exceso de aceite bajo un sofá gigante para mantener los precios por las nubes

El Ministerio de Asuntos Pringosos asegura que nadie notará el bulto en el salón, mientras los expertos advierten del riesgo de resbalones masivos.

Foto de archivo: aceite de oliva
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: RitaE / Pixabay

VILLACÁNTARO DE ABAJO. Las autoridades van a ocultar todo el excedente nacional de aceite de oliva. La última cosecha ha superado la capacidad logística de la región. El Ministerio de Asuntos Pringosos bombeará millones de litros a las piscinas municipales y los sótanos de los institutos públicos. También esconderán barriles bajo una enorme alfombra de liquidación. Todo esto para evitar a toda costa que la garrafa de cinco litros baje de los ochenta euros, porque si el precio cae, la gente empezaría a aliñar las ensaladas sin medir las gotas de ninguna manera.

Venancio Grasas es el Subdirector General de Viscosidad y Ocultamiento de Fluidos. Ayer por la mañana explicó el problema desde su despacho. «Si dejamos que todo este aceite llegue a los comercios, un cliente normal podría freír un huevo sin pedir un crédito bancario». Según su departamento, eso destruiría un modelo económico basado íntegramente en el sufrimiento de los compradores. Necesitan que el producto mantenga su estatus de lujo extremo. Y tienen prisa. Las alcantarillas del centro ya sueltan burbujas de color verde pistacho y los patos del estanque no consiguen frenar al aterrizar sobre el agua.

Las quejas oficiales no han tardado en llegar. La Agencia Reguladora del Consumidor Enfadado emitió un comunicado a través de su portavoz, un buzón de sugerencias de chapa que cobró vida propia en 2019. Denuncian la ocultación deliberada de alimentos. Reivindican el derecho ciudadano a mojar pan. Alertan además sobre los riesgos físicos de meter aceite hasta el techo en las instalaciones deportivas municipales. Un partido de baloncesto el sábado por la tarde en una pista completamente lubricada presenta problemas de seguridad muy evidentes para los jugadores federados.

“«Al principio los niños rebotaban bien, pero ahora huelen a tostada con ajo»” — Doña Remedios, encargada del parque infantil

Pero el ayuntamiento sigue adelante con las expropiaciones. Han confiscado temporalmente los castillos hinchables de todas las comuniones previstas para este mes. Los operarios inyectan toneladas de arbequina dentro del plástico para conseguir depósitos clandestinos que parecen personajes de dibujos animados. Doña Remedios vigila el parque infantil de la plaza. «Al principio los niños rebotaban bien», explicó sentada en un banco. «Ahora caen en blando y huelen a tostada».

El encubrimiento requiere bastante personal extra. Una brigada nocturna armada con fregonas industriales limpiará las calles de madrugada. Secarán cualquier charco antes de que amanezca para no dar pistas a los vecinos más madrugadores. Los operarios también esconden bidones dentro de los monumentos ecuestres. A partir del martes que viene la fuente central manará un líquido espeso en lugar de agua con cloro.

El almacenamiento masivo ya afecta a la rutina de algunos residentes. Los vecinos del bloque cuatro reportan una falta absoluta de rozamiento en sus casas. Las puertas giran solas sobre las bisagras. El presidente de la comunidad bajó a buscar el cuarto de contadores y descubrió que su coche había resbalado por la rampa del garaje. Terminó aparcado en la calle principal del pueblo vecino sin llegar a arrancar el motor durante el trayecto.

Aun así el plan no admite marcha atrás. Un bando municipal pide a los residentes que ignoren a los camiones cisterna descargando fluidos en los sótanos de la biblioteca. Las autoridades reiteran que lo importante del aceite de oliva es que resulte imposible pagarlo. El sabor da exactamente igual. Tienen prevista una alternativa extrema si se quedan sin espacio bajo tierra. Cargarán el excedente en cohetes comerciales para mandarlo a la Luna y estabilizar los precios durante otros tres milenios.

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