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La compra semanal se convierte en una experiencia de lujo con cata de lentejas

El ayuntamiento de Villanueva del Despiste inaugura un supermercado con alfombra roja para productos que antes cabían en una bolsa.

Foto de archivo: coins and banknotes
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: stevepb / Pixabay

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La compra semanal ha sido reclasificada como actividad de lujo en este municipio. Una barra de pan ya cuesta lo mismo que una escapada rural y las lentejas descansan en una vitrina con luz de museo. Para entrar en la tienda, los vecinos deben ir vestidos de gala. Algunos, mientras tanto, han pedido pagar el yogur a plazos.

En la entrada recibe Eustaquio Brócoli, director de Alta Gastronomía Cotidiana. Su trabajo consiste en señalar qué alimentos se pueden admirar sin tocarlos. «La gente sigue preguntando si puede llevarse tres tomates, como si estuviéramos en tiempos de abundancia», explicó mientras dejaba un garbanzo bajo una campana de cristal.

Todo empieza con el protocolo. Quien quiera aceite tiene que entregar una carta de motivación, dos referencias personales y una foto reciente mirando al horizonte. El azúcar llega en sobres individuales, dentro de un estuche acolchado. Para el arroz hace falta cita previa y cierta estabilidad emocional al leer el precio entero.

“He venido a por cuatro patatas y me han pedido referencias personales.” — Maruja Castañeta, mujer que estaba junto a los congelados

La patata de tamaño medio sigue siendo la gran pieza de la tienda. La han bautizado La Redonda y la subastan cada jueves en el salón de actos de la comunidad de vecinos. La puja arranca con aplausos. Acaba cuando alguien promete que no pedirá bolsa. «He venido a por cuatro unidades y me han preguntado si tenía patrimonio», contó Maruja Castañeta, de pie junto a los congelados.

Después de eso, comprar conservas requiere calma. Entre las latas y los productos de limpieza han puesto un pasillo de reflexión para frenar compras impulsivas. Una campana suena cuando alguien compara precios por tercera vez. El ticket sale en papel de pergamino, con una despedida breve del cajero y un mapa para salir sin cruzar la zona de frutos secos.

La oficina municipal de Cosas Que Antes Eran Normales ha recomendado a las familias compartir una pechuga, turnarse con el limón y guardar los envoltorios de galletas como prueba documental. También estudia declarar la siesta patrimonio alimentario. Dormir después de comer será, al parecer, la manera más barata de alargar el menú.

El pleno vecinal aprobó al final una tarjeta de fidelización que suma puntos en forma de suspiros. Con cien, el cliente podrá contemplar una bandeja de croquetas durante treinta segundos, siempre que no intente recordar cuánto costaban antes. El ayuntamiento ha confirmado una alfombra roja para la inauguración, tres cámaras y un kilo de sal disponible mediante visita guiada.

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