El tren tarda tanto que los billetes de avión ya cotizan como lingotes
Los viajeros de Villanueva del Despiste abandonan el andén y descubren que volar cuesta ahora lo mismo que comprar una isla pequeña.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, Los retrasos acumulados en la alta velocidad entre dos capitales que nadie ha querido identificar han mandado a numerosos viajeros al avión. Hasta ayer era la alternativa cara. Hoy se anuncia como «la opción económica de toda la vida». La crónica es de Ramón Calderilla.
El asunto alcanzó cierta plenitud el martes. Un tren previsto para después del desayuno seguía en la estación a media tarde, a la espera de «el momento adecuado», según el Comité Local de Relojes Cansados. Varios pasajeros miraron entonces los vuelos. La ida costaba lo mismo que una comunidad de vecinos con ascensor, piscina y un presidente que no manda audios.
«Hemos pasado de mirar el reloj a comprobar si el reloj nos mira a nosotros», explicó Anselmo Bragueta, portavoz provisional de la Oficina Municipal para la Gestión del Suspiro. El organismo ocupa un local vacío junto a la estación. Recomienda viajar con bocadillo, cargador portátil y algún documento que demuestre que quien subió al tren sigue siendo quien compró el billete.
“La puntualidad es bonita, pero no conviene abusar de ella.”
Las tarifas aéreas, por su parte, han entrado en una etapa de entusiasmo financiero. Un billete de última hora llegó a 4.800 euros. Incluía una botella de agua, una servilleta con el mapa de Europa y el derecho a señalar desde la ventanilla la zona aproximada donde habría llegado el tren. «No es caro si se compara con esperar a que los hijos de tus hijos terminen la universidad», razonó Jacinta Malvar, analista jefe de la Asociación de Personas que Ya Han Perdido la Paciencia.
La respuesta ferroviaria fue sobria. La compañía ha quedado sustituida temporalmente por una mesa plegable con campanilla, encargada de comunicar las incidencias mediante tres toques y una mirada grave. El Consejo de Administración del Andén, formado por dos bancos, una papelera y un señor que ya estaba allí cuando comenzó el retraso, respaldó la medida. «La puntualidad es un concepto muy bonito, pero no conviene abusar de ella», declaró la papelera.
El pleno municipal estudia bonificar los vuelos con dinero, vales de siesta y puntos canjeables por una disculpa enmarcada. Hacienda no ha respondido a este periódico: el expediente figura retenido en un tren parado entre las páginas de un calendario de 2024. Mientras tanto, los viajeros se organizan por turnos para comprar vuelos antes de que vuelvan a subir. Algunos permanecen en el andén, por si el tren decide convertir la demora en experiencia cultural.
A última hora, la estación anunció que el convoy saldría «en breve». Los expertos locales sitúan esa expresión en algún punto entre mañana y el próximo cambio de era. El primer pasajero que abandonó definitivamente el andén entró en una agencia de viajes con calculadora, manta y la escritura de su plaza de garaje. Nadie confirmó que llegara a destino. Su banco sí confirmó que había aterrizado.