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El puente aéreo se dispara y los billetes de tren piden la baja por ansiedad

Los retrasos ferroviarios empujan a los viajeros hacia aviones carísimos, mientras las máquinas expendedoras crean un sindicato de objetos desplazados.

Foto de archivo: coins and banknotes
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Mathieu Turle / Unsplash

SANTS, Los viajeros que llevan días soportando incidencias y retrasos en la conexión ferroviaria entre Madrid y Barcelona han empezado a volar. El avión parecía caro hasta que el puente aéreo decidió ofrecer una experiencia financiera completa. Algunos billetes incorporan ya, sin suplemento, una pequeña crisis existencial.

La demanda ha hecho subir las tarifas con la dignidad de quien acaba de enterarse de que le necesitan. «No queremos abusar, pero el mercado nos ha mirado fijamente y hemos tenido que ponernos interesantes», explicó Marta Pifostio, directora de Precios Elevados y Otras Decisiones Inexplicables de la Oficina Nacional del Precio Inoportuno.

En Sants, los paneles de salidas han perdido buena parte de su público. Las pantallas muestran conceptos como «próximamente», «cuando se pueda» y «pregunte a su cuñado». Un panel, ofendido por el trato recibido, reclamó reconocimiento laboral. «Llevo ocho horas parpadeando y nadie me ha dado ni un bocadillo», comunicó el aparato mediante una línea amarilla encendida con intención sindical.

“Llevo ocho horas parpadeando y nadie me ha dado ni un bocadillo.” — El panel de información de la estación, portavoz del Sindicato de Pantallas Cansadas

Y los billetes tampoco han llevado bien la situación. Se reunieron en el armario de objetos perdidos para fundar la Unión General de Documentos Doblemente Picados. Exigen llegar al destino antes que sus titulares. También quieren dietas por cada retraso que obligue a comprar un vuelo al precio de un electrodoméstico.

«Nosotros también sufrimos el trayecto», afirmó el billete 8F-3942. Había sido elegido portavoz provisional tras imponerse, a mano alzada, a seis recibos, dos tarjetas de embarque y una moneda de euro atrapada desde hacía tres años bajo una máquina. «La gente nos arruga, nos guarda con tickets de aparcamiento y luego nos culpa de no ser flexibles».

La Administración ha respondido con un formulario de 47 páginas para pedir que un tren llegue a la hora prevista. Hay que indicar esa hora, la hora deseada y explicar por qué el solicitante considera que el presente existe. Al final, una casilla pregunta si el ciudadano acepta esperar un poco más a cambio de que el formulario desarrolle sentimientos.

El puente aéreo sigue encareciéndose. Algunos pasajeros ya solicitan financiación para financiar la financiación. Aerolíneas, aviones y una maleta con ruedas se reunirán el jueves en un pleno extraordinario para decidir si el precio incluye el derecho a suspirar durante el embarque. El tren ha enviado una postal desde algún lugar entre aquí y allí.

El Ministerio del Desplazamiento Circular recomienda conservar la calma, llevar agua y evitar vínculos afectivos con las pantallas de horarios. Por su parte, la comunidad de vecinos del vagón 4 ha convocado una siesta de protesta. Todavía ignora si llegará a tiempo.

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