SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaDinero · 2 min de lectura

El país convoca a 3,4 millones de sillas para que no se enfríen

Un informe señala que millones de personas podrían teletrabajar, pero las empresas siguen confiando en la ancestral energía del escritorio vacío.

Foto de archivo: hileras de sillas de oficina vacías
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Pexels / Pixabay

MADRID, El informe de UGT, elaborado con datos del INE, indica que más de 3,4 millones de trabajadores en España podrían teletrabajar, aunque sus empresas prefieren que no. La noticia ha sentado bien en el sector nacional de la silla caliente. «Por fin se reconoce nuestro papel en la economía», declaró Jacinto Reposapiés, portavoz de la Oficina Nacional del Calentamiento de Sillas, desde una butaca con ruedas.

La lectura más literal de las cifras deja un resultado sencillo: millones de personas que pueden trabajar desde casa siguen cruzando media ciudad para demostrar que también saben sentarse en un edificio distinto. La costumbre viene de lejos, de una época con archivadores y calendarios de sobremesa. El puesto debe calentarse en persona, aunque el trabajo entero quepa en un portátil y una videollamada con luz de interrogatorio.

«Una silla vacía da imagen de abandono, como una fuente sin agua o un ayuntamiento sin comisión», explicó Reposapiés. «Una ocupada durante ocho horas confirma que el país funciona, aunque quien esté encima redacte el mismo correo que habría redactado en pijama». No precisó si el pijama supone un problema económico o si las empresas lo consideran una prenda excesivamente competitiva.

“Una silla vacía transmite una imagen de abandono.” — Jacinto Reposapiés, portavoz de la Oficina Nacional del Calentamiento de Sillas

Y la silla no está sola en esto. El Comité Intersectorial para la Preservación del Ruido de Teclado también ha respaldado la medida. Su presidenta, Maruja Clic-Clac, advirtió de que una sociedad en la que nadie oye a un compañero levantarse para imprimir un documento ya existente en PDF presenta riesgos difíciles de calcular. «El silencio doméstico podría generar una productividad complicada de auditar y, en casos extremos, una tarde completa sin preguntar cómo ha ido el fin de semana».

Para conservar el ambiente, varias oficinas imaginarias han preparado sistemas de emergencia para los domicilios. El paquete básico trae una impresora que se atasca sin causa aparente. Incluye también una reunión para decidir cuándo se celebra otra reunión y un vecino de rellano cuya función consiste en preguntar si ya has enviado «aquello». Al final queda el fluorescente simbólico. Nadie ha logrado apagarlo.

Con ese equipamiento basta. Un hombre junto a una máquina de café, identificado únicamente como Fulgencio, resumió el criterio con precisión administrativa. «Si puedes hacer tu trabajo desde cualquier lugar, aún hay que averiguar por qué no lo haces desde el lugar más incómodo disponible», dijo. Después volvió a mirar una pantalla apagada.

Los 3,4 millones de trabajadores continúan siendo una posibilidad estadística con conexión doméstica pendiente. Faltaría que la comunidad de vecinos aprobara el acceso a internet y que el cuñado no entendiera la flexibilidad laboral como permiso para montar una gestoría en el salón. La silla permanece firme, mientras tanto. Nadie le ha ofrecido teletrabajo.

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