RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoDinero · 2 min de lectura

Los 3,4 millones de teletrabajadores que Hacienda quiere empadronar en su silla

Un informe real sobre el teletrabajo desencadena una huelga de sillas, impresoras con ansiedad y un pleno extraordinario de reposapiés.

Foto de archivo: silla de oficina vacía frente al escritorio
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Pexels / Pixabay

VILLANUEVA DEL DESPISTE, Más de 3,4 millones de trabajadores en España podrían teletrabajar, aunque sus empresas no se lo permiten, según un informe de UGT con datos del INE. La noticia llegó a esta localidad imaginaria con la puntualidad propia de una reunión que podía haberse resuelto por correo electrónico. Varias sillas de oficina abandonaron entonces sus puestos para reclamar reconocimiento laboral.

Todo empezó con la silla ergonómica número 14.882. Comunicó a su usuario que llevaba nueve años calentando el mismo asiento sin cobrar plus de temperatura. «Nos llaman mobiliario, pero tenemos lumbares, criterio y una rueda que chirría con intención», declaró durante una rueda de prensa bajo una mesa de reuniones.

La silla no estaba sola. El Comité Intersectorial de Objetos Cansados, entidad ausente de cualquier registro porque sus formularios se declararon en huelga, reclama que cada trabajador pueda elegir entre ir a la oficina o conectarse desde casa. Mientras tanto, una silla suplente conservaría la tradición. El Departamento de Presencialidad Obligatoria recibió la propuesta con preocupación. Lo forman tres archivadores y un fluorescente que parpadea al oír «flexibilidad».

“Nos llaman mobiliario, pero tenemos lumbares y una rueda que chirría con intención.” — La silla ergonómica número 14.882

Práxedes Tornillo, portavoz del comité, presentó el plan de mínimos: cinco minutos diarios de contacto humano, una botella de agua cuyo tapón no haya desaparecido y el derecho a no escuchar conversaciones sobre el tráfico. Las ruedas también quieren moverse por decisión propia los viernes por la tarde. Aunque solo sea para mirar otra pared.

La inquietud se extendió por la oficina. La impresora de la tercera planta anunció que solo imprimirá documentos con una finalidad clara. El dispensador de agua exige reuniones presenciales más breves que su ciclo de enfriamiento. Un teclado que llevaba meses escribiendo «gracias» por inercia pidió jornada reducida y terapia para la tecla de borrar.

Con ese ambiente, el Ayuntamiento de Villanueva del Despiste convocó un pleno extraordinario. Debe decidir si las videollamadas cuentan como presencia, ausencia o una tercera categoría: «estar con la cámara apagada y la mente en la siesta». La sesión será por videollamada, pero los concejales tendrán que ir al salón para demostrar que la conexión es perfectamente presencial.

A última hora, un hombre de pie junto a una fotocopiadora sostuvo que la solución consiste en devolver a cada oficina sus plantas de plástico. «Son las únicas que llevan años teletrabajando sin que nadie les pida resultados», explicó. Las sillas, por su parte, han mandado el currículum a varios salones de casa y esperan que alguna empresa acepte que calentar una silla también se hace a distancia, siempre que tenga wifi y un convenio digno.

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