El mismo gastropub abre en todas las calles y ya busca local en el campo
La gastronomía nacional avanza hacia un único restaurante con pizarra, aguacate y una silla incómoda para cada cliente.

VILLANUEVA DEL DESPISTE. La gastronomía local ha sido sustituida esta semana por un establecimiento idéntico al de la calle de al lado. El Ayuntamiento lo confirmó tras localizar tres pizarras con la misma caligrafía, el mismo precio y una flecha hacia «brunch». El recién llegado sirve tostada de aguacate sobre pizarra, café de especialidad y una croqueta de autor, aunque nadie ha dado con el autor.
Los expertos lo llaman gastrificación. El cuñado, «lo de siempre, pero con plantas colgando». A estas alturas, los vecinos ya no necesitan saber en qué ciudad se encuentran: entran, piden agua del tiempo y esperan la carta. Sale una hamburguesa aplastada, con cebolla morada encurtida, y una tarta de queso para la que hace falta reservar mesa antes incluso de mirarla.
«Hemos preservado la identidad del barrio consiguiendo que sea exactamente igual que todos los demás», explicó Nicanor Valbuena, portavoz de la Oficina Municipal para la Diferenciación Homogénea. En ese momento colocaba una lámpara industrial sobre una mesa de madera envejecida artificialmente. El plan prevé abrir el mismo local en cada portal. Sigue sin resolverse dónde meterán el que corresponde instalar dentro del propio local.
“Hemos querido preservar la identidad haciendo que sea igual que todas.”
La cosa llegó a las tabernas. Una comunidad de vecinos descubrió una mañana que su bar de toda la vida había pasado la noche convertido en gastropub: neón, menú de mediodía y una pared completa de frases sobre viajar. El antiguo mostrador continúa allí, bajo una encimera de mármol. Lo han puesto en una vitrina y solo se permite fotografiarlo.
«Antes sabíamos dónde estábamos porque cada tortilla tenía una personalidad distinta», lamentó una aceituna de pie junto a la caja. «Ahora todas llevan la misma espuma y me preguntan si quiero salir en redes». Un camarero la acompañó hasta la puerta, le ofreció una servilleta color crema y le indicó que las reclamaciones se presentan mediante un código QR impreso en otra aceituna.
El pleno municipal aprobó por unanimidad declarar el barrio Zona de Sabor Previsible. La figura permitirá reemplazar cualquier plato inesperado por su versión de quinta gama, calentada con precisión y servida con pinza. También habrá un protocolo de emergencia para localizar negocios que aún guarden una receta familiar, una barra pegajosa o un camarero capaz de recomendar algo sin consultar una aplicación.
Con eso ya era suficiente. Aun así, los vecinos han organizado rutas clandestinas para encontrar un sitio que no sirva exactamente lo mismo. La última expedición llevaba siete personas y un perro que recuerda el gusto del caldo. Volvieron veinte minutos después con pan de masa madre, dos cafés de especialidad y la certeza incómoda de haber estado en el mismo lugar la semana anterior. El Ayuntamiento estudia colocar una placa: «Aquí hubo variedad».