Villanueva del Despiste declara la guerra al brunch clonado
El ayuntamiento asegura que la gastronomía local ha sido sustituida por una franquicia interdimensional de tostadas idénticas.

VILLANUEVA DEL DESPISTE. La oferta culinaria se ha estandarizado hasta un punto incómodo. La cocina tradicional retrocede y todos los bares sirven la misma tostada de aguacate sobre la misma pizarra. También la casa de una vecina, pese a que no tiene cocina.
La comunidad de vecinos de la calle del Recuerdo detectó el problema el martes, al encontrar una sartén en el portal con una pancarta: «No nací para freír huevos en un local de moda». Matilde Cencerro, presidenta accidental del Comité de Objetos de Cocina con Dignidad, sostiene que las cacerolas se reúnen durante la siesta desde hace semanas. Han elegido portavoz a un colador con estudios de protocolo.
La protesta tenía un motivo concreto. El llamado Gastropub Único ocupa la antigua taberna, la papelería y un descampado pequeño que hasta ayer se usaba para discutir. Los tres sirven lo mismo: tostada de aguacate, croqueta de algo sin identificar y una bebida espumosa cuyo nombre cambia cada hora, por si Hacienda intenta clasificarla.
“La barra tradicional no ha desaparecido: ahora es una experiencia inmersiva.”
«La barra tradicional sigue aquí. Ahora es una experiencia inmersiva de barra tradicional», declaró Basilio Lumbre, director de Innovación Emocional del Gastropub Único. Lo dijo mientras explicaba a una aceitera que su reflejo sobre la mesa constituía una oportunidad de marca. La aceitera goteó en su zapato. Los presentes registraron el gesto como una dimisión.
El pleno municipal aprobó por unanimidad una medida extraordinaria. Cada vecino deberá entregar una receta familiar para que la homogenicen, la traduzcan al inglés y la sirvan en un cuenco de cerámica irregular. La oficina responsable del trámite ha desarrollado conciencia propia y lleva dos días sellando los papeles con «hambre» en vez de «recibido».
Con ese panorama, la resistencia se reúne de madrugada en el antiguo almacén de persianas. Allí varios bares tradicionales preparan recetas clandestinas con patatas, ajo y una cantidad de pimentón que la ley no termina de concretar. Rogelio, jefe de operaciones y taburete de tres patas, ha pedido calma. También ha prohibido decir «deconstruido» hasta que la expresión recupere algún sentido.
Los animales del municipio han creado por su parte un sindicato gastronómico. Reclaman que se reconozca el derecho de las gallinas a no aparecer dibujadas con tiza en pizarras. El ayuntamiento estudiará la petición después del brunch, aunque nadie sabe cuál de los siete locales idénticos lo sirve antes. La tostada llegará, eso sí, sobre pizarra y mirando al vacío. Así funciona la nueva tradición.